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domingo, 29 de abril de 2018

Práctica 6. Nerea Vidal. Resumen de un artículo de investigación didáctica.


Caro Valverde M.T., “La educación literaria de los clásicos y su proyección interdisciplinaria para el aprendizaje basado en competencias”,  en Educatio Siglo XXI, Vol. 32, Núm. 3 Noviembre, 2014, pp. 31-50. Accesible online: http://revistas.um.es/educatio/article/view/210961/168161

María Teresa Caro Valverde, profesora de secundaria y miembro del Departamento de Educación de la Universidad de Murcia, presenta en este artículo la necesidad de releer los clásicos en las aulas de secundaria desde un punto de vista humanista. Lejos de la enseñanza pasiva basada en el historicismo literario, anima a los profesores de secundaria a que alienten a sus alumnos a sentir el frescor de la literatura de tiempos pretéritos y a que naturalicen en su experiencia vital las alegrías, desasosiegos, temores e indagaciones de los personajes literarios creados en un contexto histórico-social concreto y pasado, que, bien leídos, se convierten en interlocutores brillantes capaces de satisfacer el mote curricular de “Educación Literaria”, destino común pero maltratado de nuestra especialidad.

Con el objetivo de retomar el diálogo con los clásicos, Caro Valverde propone una metodología didáctica basada en un aprendizaje por competencias, creativo y cooperativo, que promueve la conciencia cultural tanto como el respeto social y cívico. El método planteado se inspira en las facultades imaginativas del alumnado de secundaria, para quien no resulta en absoluto tortuoso el imaginar. En efecto, la imaginación es la base de esta propuesta didáctica y la puerta de acceso al conocimiento; siendo conscientes de las alas ligeras que a estas edades se tiene al imaginar, el profesorado debe favorecer con su fino criterio de selección de textos y la adecuada y alentadora explicación hermenéutica que su alumnado se aventure a dar el salto al proceso creativo de individualización del texto comprendido. De este modo, se conseguirá salvar las distancias entre el pensamiento del pasado, cerrado en los libros puesto que no se entiende, y las vivencias de un adolescente actual.

Caro Valverde, desde su experiencia docente, facilita unas reglas de actuación para lograr aquello que la estudiosa denomina proceso creativo de “abducción” del texto clásico, es decir, el “reconocerse” uno en el otro. Este proceso potencia el desarrollo de la competencia lectoescritora en virtud de la comprensión y naturalización de las ideas y sensaciones de una obra literaria a fin de propiciar la escritura de un texto creativo por parte del alumno con resonancias análogas, que es el objetivo vertebrador de la propuesta.

Por último, esta propuesta, además de animar a la escritura aunando formación y literaria y conocimiento vital, está encaminada a convertir al alumnado en partícipe de la cultura, pues los textos escritos trascienden a papel impreso y se difunden en certámenes y seminarios organizados por el propio centro docente. Tampoco pueden faltar los viajes literarios y las firmas de autógrafos.


viernes, 27 de abril de 2018

Joan Pérez Notario. Práctica 6. Resumen de un artículo de investigación.

Marta Sanjuán Álvarez, «De la experiencia de la lectura a la educación literaria. Análisis de los componentes emocionales de la lectura literaria en la infancia y la adolescencia», Ocnos, 7 (2011), pp. 85-100.

La formación del lector literario es el proceso lento y gradual que configura a la persona que tiene el hábito de leer obras artísticas de expresión verbal. En ese proceso progresivo, además de elementos individuales, ejercen un influjo notable los dos agentes principales de socialización: la familia y la escuela. Las páginas siguientes abarcarán únicamente el segundo de esos agentes: el instituto de educación secundaria.
Las aproximaciones científicas a la formación del lector literario coinciden en señalar la insuficiencia de los métodos historicistas, consistentes en proporcionar a los alumnos un conjunto de datos sociales, estéticos y lingüísticos que les permitan encuadrar las sucesivas corrientes literarias, biografías y obras en marcos que les proporcionen las claves cognitivas fundamentales para comprender el hecho literario.
Ese método historicista es insuficiente, un adjetivo que dista mucho de ser sinónimo de otro adjetivo como, por ejemplo, desechable. En ese sentido se manifiesta Antonio Mendoza Fillola, para quien «la base historicista refuerza la comprensión del hecho literario, aunque —matiza— no puede ser el único eje en torno al que se organice la formación del lector literario» (2008). 
Y ello porque, entre otras razones, el hecho literario que se pretende enseñar no existe si el lector no habita las páginas del libro y dialoga con ellas desde el punto de vista intelectual, desde el punto de vista sentimental o desde el punto de vista estético. Marta Sanjuán Álvarez defiende en estos términos la relevancia que tienen los componentes emocionales en el proceso de formación del lector literario:

La lectura literaria como creadora de sentido, como vía de conocimiento del mundo y de la construcción de la propia identidad, o como práctica liberadora, constituyen las principales dimensiones de la experiencia lectora (2011: 93).

En ese trabajo, Marta Sanjuán Álvarez entrevista a muchos alumnos y profesores con el fin de estudiar cuánta presencia tienen esos componentes emocionales en las aulas de enseñanza primaria y secundaria, y cuánta tienen, en cambio, los componentes cognitivos. Los resultados de la investigación no son demasiado esperanzadores.




Mendoza Fillola, Antonio, «La educación literaria: bases para la formación de la competencia lecto-literaria», Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2008.